Yo no soy la mujer de Sartre

Por Melisa Albano

La femme se détermine et se différencie par rapport à l’homme et non celui-ci par rapport à elle; elle est l’inessentiel en face de l’essentiel. Il est le sujet, il est l’Absolu: elle est l’Autre.

Simone De Beauvoir

                En una conversación con una adolescente de 12 años, con quien intercambiamos números de teléfonos celulares, ella me dice: – “Te agendo como Melisa, la mujer de…” y continuaba el nombre de mi pareja que es un nombre masculino. Eso me resultó muy movilizador, por dos cuestiones. Primero, porque ella es una joven de 12 años con prácticas sociales inculcadas, como cualquier otra joven; y en segundo lugar, porque no me gustó que me definan en relación a mi pareja. Inevitablemente, me pregunté “acaso ¿soy sólo eso? Y la respuesta es, sin lugar a dudas, no. Yo soy Melisa Albano y puedo nombrar muchas cualidades y acciones positivas y negativas con las cuales me identifico, pero esto no se trata de un tema personal. Me pregunto ¿por qué la mayoría de las personas que conforman la sociedad asocia automáticamente identificar a una mujer en relación a su pareja-hombre? Si bien, algunas teorías psicoanalíticas sostienen que nos definimos en relación a un Otro, parece que a nosotras las mujeres, hasta esa posibilidad han intentado e intentan quitárnosla, al imponer selectivamente la manera de nombrarnos.

                Filósofa, teórica, pensadora, feminista, militante feminista, referente del feminismo moderno del siglo XX, luchadora, apasionada, escritora, mujer de pensamientos y prácticas disruptivas, opositora de los valores dominantes de su época, visionaria de consecuencias nefastas para las mujeres, amada y amante, de fuertes convicciones en la defensa de la verdad, de gran capacidad intelectual, contradictora, comprometida, compañera, una mujer con alto un alto grado de empatía (palabra muy de moda en la actualidad), soñadora. Con todos estos adjetivos y muchos otros más podemos definir, quienes nos familiarizamos un poco con su biografía, a Simone de Beauvoir antes de decir que fue la mujer de Sartre.

                Simone de Beauvoir nació en 1908, en una familia burguesa, económicamente acomodada. Desarrolló una infancia feliz, rodeada de mucho afecto y tuvo una educación católica en escuelas privadas, destinadas para niñas de la élite burguesa. Su padre fue un filósofo y gracias a él accedió a la lectura de una multiplicidad de libros, variados y complejos. Se caracterizó por poseer una gran facilidad en aprender rápidamente, observar y reflexionar sobre el comportamiento de su familia y el de las familias amigas. A la edad de los 14 años decidió emanciparse de las ideas de su familia y se declaró atea. Estudió matemáticas y letras. Su padre se vio afectado por un mal momento económico, por lo que cuando Simone tuvo la edad de los 20 años, aproximadamente, él le comunicó que debería “ganarse la vida por ella misma”.

                Comenzó a trabajar como maestra, mientras se preparaba para ingresar a la Sorbona, con el fin de estudiar filosofía. Fueron años duros, ya que por un tiempo tuvo que trabajar durante todo el día para poder subsistir, a la vez que estudiaba griego y se preparaba para entrar en la universidad. Mientras realizaba todo esto, a los 21 años conoció a Jean Paul Sartre, cuando estudiaban para ingresar a la carrera de filosofía. Simone pasó el examen en la primera instancia, mientras que Sartre debió rendir una segunda vez. La filósofa recuerda, en varias entrevistas y documentales sobre su vida, haberse enamorado de Sartre debido a que fue el único hombre con el que pudo conversar y discutir sobre cualquier tema, y porque Sartre pudo dominarla intelectualmente al principio de la relación, además de su atractiva tozudez y capacidad para pensar constantemente. La pareja, que se caracterizó por el entendimiento y la complicidad recíproca, resultó ser una dupla complementaria, en la cual ambas personalidades se retroalimentaron y se potenciaron mutuamente. Simone leía cada letra de Jean Paul y éste cada letra escrita por “su Castor”. Los unió no sólo el placer por escribir, sino también el afán de comprender sus deseos más internos.

                En 1949, la escritora publicó un ensayo teórico llamado El segundo sexo, texto revolucionario que contrajo las críticas más arduas y en oposición a la autora, debido a la descripción de situaciones cotidianas de la vida de la mujer y sobre el cuerpo de la misma, tales como la prostitución, la menstruación, la maternidad y el aborto. Muchos críticos y amigos de la escritora tomaron la obra como algo sumamente abyecto, entre ellos, Albert Camus. En ella, De Beauvoir explica su tesis principal sobre el hecho de que “mujer no se nace, sino que se hace”, aludiendo a la construcción histórica de la femineidad que las sociedades elaboran con un fin opresivo. Planteó cómo los valores patriarcales construyen lo femenino y se lo adosan a la mujer, lo cual resulta para ellas un arma mortal que las condena a la esclavitud y tiranía doméstica, económica, emocional y mental. En consecuencia, la mujer aparece siempre en un segundo plano, a la sombra del hombre. En palabras de Simone: “…de esta forma la mujer abdica su valor y su dignidad como ser humano”.

               Años más tarde, el libro fue tomado como una obra fundacional para la nueva ola del feminismo del siglo XX, por lo que la pensadora escribió y le agregó dos capítulos más a su libro. Su militancia en el movimiento feminista fue más activa y comenzó a participar en la lucha de la búsqueda de la emancipación verdadera de la mujer y de la igualdad en oportunidades y derechos para todos los seres humanos. También se preocupó por las mujeres torturadas durante la guerra independentista de Argelia, frente a la cual siempre se opuso, ya que consideraba que no debía existir la colonialidad. Como fuerte defensora del derecho al aborto, redactó y firmó (en 1971) el Manifiesto 343, en el que 343 mujeres afirmaban haber tenido un aborto y se exponían a ser procesadas penalmente. El objetivo fue lograr la despenalización del mismo y que la práctica se torne más segura y se realice de forma gratuita.

                Dirigió y fundó el diario, junto a otros intelectuales de la época, Les temps modernes. Escribió ensayos y libros sobre la vejez, redactó sus memorias en más de un libro, con grandes reflexiones filosóficas sobre su condición de mujer y de cómo la sociedad la preparaba para entrar en ella de cierta manera. Partidaria de los lineamientos existencialistas y de los de izquierda, fue una mujer que se comprometió con su época, planificó su vida eligiendo no concebir hijos y disfrutó de los beneficios económicos por ser una escritora reconocida. Tampoco se abstuvo de probar las pasiones y amores más intensos con Nelson Algren, a quien le dedicó muchas cartas de amor que ella misma publicó, así como también, presuntas relaciones pasajeras con algunas de sus alumnas, cuando fue profesora. Se permitió vivir en pareja cuando lo consideró oportuno con el cineasta Claude Lanzmann.

               La lista de actividades y textos escritos por ella puede seguir, sin embargo, considero que con lo mencionado ya es suficiente para definir y describir a una mujer que no debe estar ligada únicamente a Sartre como su mujer. Porque si se trata de un nombramiento por relaciones también sería la mujer de Algren, de Lanzmann, etc. y no son ellos los que la definen, sino su accionar comprometido para con la época. Eso es lo que trasciende de ella y el legado que dejó para millones de mujeres que se disgustan al ser definidas en un primer momento como “la mujer de… y a continuación el apellido o el nombre de un hombre, que resulta ser su pareja.  Creo que no se trata solo una cuestión de gusto, es una manera de ver, mirar, observar e interpelar el mundo que habitamos. Se trata de pensar qué mundo construimos para nuestros jóvenes, mundo que actualmente está repleto de discursos como “¿Y eia, la mami?” o “Qué linda te ves trapeando Esperancita”. Si Simone estuviese viva, me gustaría que tome su lápiz y escriba: “Yo no soy la mujer de Sartre, aunque sí lo elegí como mi compañero de vida”, si es que ya no lo hizo en alguno de sus escritos.

               Al igual que Simone de Beauvoir, asocio lo femenino a la búsqueda de la libertad e igualdad en derechos. Deseaba representarlo con una imagen que no fuera una paloma, pero que tuviera algo de ella. Esta imagen fue tomada por el fotógrafo Michael Patrick O´Neill y se titula “Vuelo Nocturno”. En la página donde se publica explica que es la imagen de un pez volador, que durante la noche nada lentamente y durante el día se mueve con mucha velocidad y, que, al mover rápidamente su cola bifurcada, puede desplegarse hasta la superficie y, manteniendo rígidas sus aletas pectorales largas y puntiagudas, puede recorrer en el aire cientos de metros con el objetivo de alejarse de sus depredadores submarinos.

                Este comportamiento animal me pareció adecuado para hacer una analogía con la historia del movimiento feminista el cual, a lo largo de los años, ha intentado e intenta día a día encontrar nuevas formas de habitar en el mundo, combatiendo y produciendo nuevas luchas de poderes. El fotógrafo dice que buscaba un movimiento dinámico, como lo son las construcciones que se realizan en torno a lo femenino a lo largo del tiempo y, también como lo son los ideales que persiguen las diversas bifurcaciones del movimiento feminista. ¿Acaso será porque el patriarcado y las formas de dominios también se renuevan? Seguramente.

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